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¿Cómo afecta la presión social en la salud mental?
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Conocer cómo afecta la presión social en la salud mental es importante para prevenir sus efectos.
Palabras claves: presión social, salud mental, redes sociales, trabajo, vivienda, pareja.
Vivimos en un momento de continuo cambio, dónde satisfacer o cumplir con todas las demandas sociales, es prácticamente inviable. Esto tiene una consecuencia directa o una repercusión en nuestro estado de ánimo y salud mental.
La vida de hoy, no tiene absolutamente nada que ver con la de hace 20 años. El coste de la misma, se ha encarecido de manera considerable, el nivel de exigencias ha aumentado de manera exponencial y los trabajos, por desgracia, cada vez son más demandantes y difíciles de sostener.
Vivimos en una sociedad más preparada, con más medios, pero muchos más obstáculos. Muchas veces, más inaccesible, enrevesada y deshumanizada.
Las normas o las políticas que realmente nos deberían ayudar, muchas veces, se alejan de las necesidades reales de los ciudadanos, contribuyendo a que cada vez, resulte más difícil todo.
¿Qué formas de presión social tenemos?
Hay muchas formas de presión social que afectan a nuestra salud mental, podemos distinguir:
- La propia sociedad y su “definición de estado de bienestar”
- La presión social del grupo de iguales
- Las redes sociales
- Nuestra propia familia
- Nosotros mismos
¿Cuáles son las fuentes de presión social que sentimos?
Aunque sentimos muchos tipos de presión social, la principal, es la incompatibilidad manifiesta para construir un proyecto de vida y poder conciliar un trabajo con la vida personal o familiar.
Entre las causas principales de presión social encontramos, encontrar un trabajo (estable, con un ambiente agradable y una remuneración adecuada) * lo que normalmente, puede ser la llave de acceso para una vivienda digna.
Después vendrían otras como la presión por encontrar pareja, viajar o incluso por formar una familia.
Debemos tener en cuenta, que, aunque en algunos aspectos, la vida se ha complicado y enlentecido, no sucede lo mismo con el reloj biológico…
Aunque estas son algunas de las formas más recurrentes de “torturarnos”. La realidad, es que las discrepancias entre lo que nos gustaría y lo que podemos conseguir, acompañadas de otras formas de cuestionarnos y hacernos daño, pueden ser casi infinitas…
¿De qué forma afecta la presión social a nuestra salud mental?
La realidad, es que la presión social, nos afecta de todas las formas posibles. Frecuentemente, a través de las comparaciones y la percepción de un futuro incierto y la angustia vital que ello conlleva.
Hacemos las cosas impuestas, como autómatas, por la presión que sentimos y el miedo a fallar. No somos capaces ni tenemos tiempo de disfrutar del proceso, valorar, reflexionar o pensar con claridad. Vivimos arrastrados por la inercia de tener que conseguir ciertos hitos para ser felices.
Todo esta presión social, afecta a nuestra autoestima, a nuestra propia identidad y a la percepción del yo.
No es una cuestión de esfuerzo o meritocracia, sino, de un desajuste entre las expectativas y la realidad. No debemos olvidar que cada persona tiene unas circunstancias y por lo tanto, una realidad distinta.
Cuesta mucho entrar en la rueda laboral, y si logramos hacerlo, muchas veces, tiene un coste mental demasiado alto. Sentimos que no podemos parar porque estamos perjudicando a otras necesidades.
Pero a más exigentes sean nuestras expectativas, más probabilidad tendremos de sentir que las estamos defraudando. En consecuencia, también aumentará la percepción de fracaso y el sentimiento de culpabilidad.
Estar tan pendiente de las necesidades que debemos satisfacer o de los checks que debemos cumplir, hace que descuidemos otras cosas más sencillas que realmente son importantes, como aficiones o autocuidado.
Vivir bajo el paraguas de la culpa, genera frustración e insatisfacción vital
A menudo, hacemos asociaciones peligrosas del tipo: “como no tengo trabajo, no podré tener pareja” … todo este tipo de autoafirmaciones van deteriorando el constructo de nuestra propia identidad.
La presión social y el sentimiento de no poder cumplir con las expectativas propias o impuestas, genera problemas de salud mental:
- Problemas de autoestima.
- Aislamiento social.
- Dificultades para dormir.
- Trastorno de Ansiedad Generalizada.
- Ansiedad
- Depresión
- Adicciones (como forma de inhibirme de la realidad)
- Trastornos de la Conducta Alimentaria (manera de “controlar” un área de nuestra vida)
¿Influyen las Redes Sociales en la salud mental?
Sí, desde luego, no podemos hablar de presión social y salud mental, sin tener en cuenta la exposición a las redes sociales. Que de manera más o menos justa, se han ganado el privilegio de ser un miembro de pleno de derecho en nuestra vida.
Las redes sociales son un escaparate para vender algo, ya sea personal o profesional. Aunque, muchas veces, lo idílico que proyectamos a través de las mismas, poco o nada tiene que ver con la realidad que vivimos.
Nos comparamos con nuestro grupo de iguales o con otros referentes, y de manera casi inevitable, sentimos una especie de sensación de fracaso, culpa, rechazo o frustración.
Mención destacada merecen todos los pseudogurús producto de estrategias de marketing que prometen una vida mejor en base a: inversiones en bolsa, sector inmobiliario e incluso flexiones…
Pero desde luego, lo cierto, es que es un tema polémico invita a debate y suscita reflexión.
La exposición a este contenido de forma constante, tiene un efecto devastador para nuestro estado de ánimo y por supuesto, para nuestra salud mental. Cuando tendemos a compararnos de todas las formas posibles las consecuencias de baja autoestima, culpa, ansiedad o FOMO, son inevitables.
¿Cómo mejorar el efecto de la presión social en la salud mental?
- No tiene sentido compararnos con un modelo de vida que hemos conocido pero que no existe.
- No podemos construir una narrativa (autodiscurso) en base a la percepción de fracaso o culpa.
- Evitar comparaciones injustificadas y “deberías”.
- Procurar un uso responsable de las redes sociales.
- Fomentar un autodiálogo amable y compasivo.
- Reajustar las expectativas.
- Fomentar el estar consciente y disfrutar del presente.
- Buscar soluciones alternativas.
- Aceptar la situación, lo que no significa resignarnos a ella.
- Entender que no tenemos la culpa del desajuste social o de la situación laboral.
- Construir una nueva narrativa no basada en fracasos.
- Buscar la felicidad en cosas sencillas que dependan directamente de nosotros.
- Buscar formas de equilibrio y reducir la sensación de contradicción. (tengo que ahorrar, pero quiero viajar)
- Buscar relaciones sanas y poner límites ante reproches o comentarios indebidos.
El inconformismo vital, puede derivar en problemas serios de autoestima y salud mental.
Si la expectativa de mejorar se convierte en una forma de autoimposición tirana, puede derivar en un problema de inconformismo generalizado. Pensamos que nunca a es suficiente para estar bien.
Nos hemos desvinculado de lo natural, del contacto con la naturaleza y con la tierra. Pasamos la mayor parte del día anestesiados con el móvil y con una gran cantidad de estimulación anodina para evadirnos de la realidad. Pero la realidad, es que no estamos hechos para soportar tales ritmos de estrés, preocupaciones y un sentimiento permanente de culpa generalizado, que ocasiona frustración y la sensación de que nunca es suficiente y que hagamos lo que hagamos, vamos a llegar tarde y mal.
La vida es una y a veces, puede resultar muy difícil, pero dentro de las complicaciones que tenga, tenemos que tratar de vivirla de forma plena y consciente, dentro de nuestras posibilidades.
Tener unas aspiraciones o expectativas irrealistas o demasiado exigentes, puede hacer que tengamos una percepción de fracaso lo que favorecerá problemas de frustración y autoestima.
Consideraciones
Si la presión social, va acompañada de un alto grado de autoexigencia y responsabilidad, falta de oportunidades, unas características de personalidad determinadas y un entorno familiar que no acompaña, no conoce y valida la situación. La percepción de fracaso y el daño moral está asegurado.
Hay muchas formas de vida, no solamente la que nos quieren imponer o con la que hemos crecido pensando que tendría que ser. A una persona no le define el trabajo, tener pareja o no tenerla.
¿Cómo puede ayudarme un psicólogo?
Un psicólogo especialista, es probable que no resuelva nuestro problema respecto a la enorme dificultad que conlleva asumir todas las demandas sociales. Las soluciones mágicas no existen.
Pero al menos, contar con la ayuda de un profesional especializado, puede ayudarnos a reducir el daño: escuchando sin juzgar, mostrando comprensión global, empatía e interés, validando nuestras emociones, intentando siempre acompañarnos para buscar la mejor alternativa en función de nuestra situación.
En el proceso terapéutico trataremos de:
- Identificar creencias irracionales.
- Restructuración cognitiva de pensamientos disfuncionales.
- Ayudándonos a no justificarnos y a manejar temas sensibles.
- No dejarnos guiar por las presiones autoimpuestas.
- Construir unas expectativas ajustadas y unas metas alcanzables.
- Aprendiendo a identificar, comprender y gestionar las emociones.
- Generando un autodiscurso más amable y compasivo, libre de culpa.
- Trabajando la aceptación de las cosas que no nos gustan, pero que no podemos cambiar.
Conclusiones
Si no contamos con ayuda externa de cualquier tipo, puede ser realmente difícil poder satisfacer todas las demandas sociales, que muchas veces, nos autoimponemos y no dependen únicamente de nosotros.
Puede ser un error conceptual, generarnos la presión de tener que cumplir con las mismas expectativas que hace 20 años, porque por norma general, salvo excepciones, suele resultar imposible.
Es innegable el daño que genera cuando el esfuerzo no va acompañado de un resultado, o directamente, no nos sentimos capaces de asumir toda la presión y responsabilidad que conlleva.
Aunque es una tarea realmente complicada, muchas veces, tenemos que aceptar, que, aunque no nos guste, es la vida que nos ha tocado vivir, procurando no asumir toda la responsabilidad y cambiar lo que esté a nuestro alcance.
Para poder sobrellevar la situación de la mejor manera posible, tendremos que generar unas expectativas realistas y acorde a nuestras posibilidades. Así mismo, deberán ir acompañadas de algunos cambios cognitivos y conductuales.
Cada individuo, tiene una situación personal distinta y unas circunstancias de vida únicas, por eso, no tiene sentido compararnos todo el rato, de manera injusta con cosas que nos duelen o nos dañan.
Aunque no lo sintamos así, todos hacemos lo que podemos y evolucionamos, pero cada persona tiene su proceso vital, circunstancias y personalidad.
No podemos dejar que malas experiencias o errores del pasado condicionen o determinen nuestro futuro. Tenemos que adaptarnos a nuestra situación para vivir el presente de forma plena y consciente, libre de culpa y dentro de nuestras circunstancias y posibilidades.
Muchas veces, entendemos que somos los únicos responsables de cambiar nuestra situación, pero lo cierto, es que no es así. Creer que cambiar una situación depende únicamente de nosotros, es un error y muchas veces, una forma innecesaria de hacernos daño.
Toda situación tiene margen de mejora, pero muchas veces, no es la que nos gustaría.
Al final no se trata de llegar antes, sino de llegar mejor y de disfrutar del camino.
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Andrés Herráiz
¡Hola! Mi nombre es Andrés Herraiz, estudié psicología en Valencia y posteriormente seguí ampliando mi formación en la universidad Santiago de Compostela, con la que he colaborado en eventos de difusión científica.
Actualmente, trabajo en mi propio centro Andrés Herraiz – Psicología Valencia, dónde me ocupo personalmente de ofrecer un servicio cercano y de calidad, destinado por y para las personas.
Periódicamente suelo publicar artículos relacionados con temas de salud mental y bienestar emocional en mi blog, si te interesa el contenido, y quieres pasarte por aquí, serás bienvenido/a.
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