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¿Cuáles serán las consecuencias psicológicas
del Coronavirus?

¿Qué esta sucediendo?


En los últimos días, la humanidad se ha visto duramente golpeada por una pandemia de origen desconocido, generando un gran impacto a nivel global y comprometiendo seriamente la seguridad nacional.

Aunque al principio parecía tratarse de una simple gripe y se ha especulado con diversas teorías acerca su origen, si bien es cierto, que el mismo no se conoce con exactitud. Pero transcurridas apenas dos semanas ya podemos contar los muertos por miles, los hospitales permanecen hacinados, residencias colapsadas, funerarias desbordadas, además de la evidente falta de EPIS, de recursos humanos y medios materiales.

El COVID-19, llega a modo de «selección natural impuesta» que mayoritariamente se ceba con la población inactiva, afectando principalmente a las personas más mayores y/o a aquellos que sufren algún tipo de patología previa, es decir, al conjunto de población más vulnerable, y por ende, menos productiva.

¿Cuáles serán las consecuencias sociales?

Además de la crisis sanitaria y económica, también acontecerá una gran crisis social, dejando una sociedad más empobrecida, dividida y desquebrajada.

En los últimos días, hemos sido testigos y protagonistas de una oleada de críticas al gobierno que le ha tocado hacer frente a la “gestión” de esta crisis otorgándole una cierta ventaja al virus, así como al precedente por su “gestión”, recortes y privatización de la sanidad pública.

Hace unos días nos sorprendía la noticia, el rey de Tailandia, permanecía confinado en un hotel al sur de Alemania con su séquito y un harén de 20 mujeres, mientras que su país se veía asolado por la crisis del Coronavirus, haciéndose viral en Tailandia el lema “¿para qué queremos un rey?”; mientras tanto, desde el balcón de la basílica de San Pedro, el Papa, también nos ofrecía su bendición “Urbi et Orbi¨…

El papel de las instituciones como la política, la corona o la iglesia se ve seriamente cuestionado, aflorando en la ciudadanía un sentimiento de resignación, abandono, engaño e indefensión. Lo que nos lleva a cuestionarnos ¿realmente necesitamos cerca de 440 000 políticos en España? ¿merece cobrar más un futbolista que 50 científicos? ¿salva más vidas la religión o la ciencia? ¿trabaja realmente la política velando por los intereses de los ciudadanos o a las órdenes de los poderes fácticos?

Además de la atribución de responsabilidades, todo esto debe conducirnos a una importante reflexión. La política, pero, sobre todo, las ideologías, sirven para sistematizar al pensamiento, o mejor dicho para anularlo. Pero es urgente plantear un cambio de paradigma creando una conciencia colectiva, debiendo replantearnos un nuevo orden social, dónde le demos valor a lo que verdaderamente lo merece, al motor de la sociedad, – las personas-. Priorizando sectores tan olvidados hasta ahora como necesarios, como son: la agricultura, la ganadería, la investigación y por supuesto la sanidad.

Posiblemente la vuelta a la normalidad sea dura y costosa, pero, sobre todo, será progresiva, y tenemos que estar preparados para ello. Es posible que esto suponga un punto de inflexión que haga replantearnos muchas cosas, que cambien algunos hábitos sociales o incluso nuestra forma de relacionarnos, pondremos más distancia entre las cosas y nos costará recuperar la confianza, pero estoy seguro que como siempre, lo superaremos y saldremos si cabe más reforzados de esta crisis.

¿Cuáles son las principales consecuencias psicológicas?

La incertidumbre, el miedo ante lo desconocido, la privación de libertad, los intereses políticos y partidistas o la manipulación social a través de los medios nos hacen sentirnos vulnerables y desprotegidos.

La pérdida de seres queridos, el cierre de los negocios y la consecuente pérdida de muchos puestos trabajos, hacer frente a los múltiples pagos, el abandono por parte de las empresas y las instituciones, además del cambio de hábitos y de rutinas diarias no son fáciles sobrellevar.

Por otro lado, no todo el mundo tiene las mismas estrategias, posee los mismos recursos, ni tiene las mismas circunstancias o capacidad para gestionar y/o afrontar este tipo de situaciones de crisis.

Especial mención y sensibilidad merecen todas aquellas personas que padecen cualquier tipo de alteración, discapacidad, predisposición o tendencia dónde cobran tanta importancia las rutinas diarias, que ahora se han visto afectadas pudiendo agudizarse patologías previas o suponiendo un malestar significativo.

Sin duda, todo esto supone una enorme repercusión en nuestra salud psicológica, generando un impacto negativo sobre la misma.

Algunos de los problemas más acuciantes son:

¿Qué hay al otro lado del miedo?

Sin duda, el miedo cumple una importante función adaptativa para nuestro organismo, ya que nos previene ante situaciones que puedan resultar potencialmente peligrosas. Cuando un león nos persigue, el miedo nos previene y nos moviliza paralizándonos o impulsándonos a correr para poner a salvo nuestra vida.

Pero no debemos de olvidar, que detrás del miedo, también se esconden las oportunidades, que, aunque con incertidumbre e inseguridad, representan un nuevo reto en forma de desafío, lo que conlleva un aprendizaje.

Hoy más que nunca, cobra sentido el significado de la palabra «resiliencia» que no representa otra cosa que la capacidad que tenemos las personas para adaptarnos y nuevamente sobreponernos ante situaciones adversas.

Detrás del miedo se esconden las mejores cosas

¿Qué papel tiene la figura del psicólogo en la gestión de una crisis como la del COVID-19?

La psicología es una ciencia que se enmarca dentro del campo de las ciencias de la salud, sirviéndose del método científico y empleando herramientas y técnicas de intervención basadas en la evidencia científica.

De igual modo que un médico, un psicólogo tiene que pasar por unos programas de estudios homologados sometidos a unos estándares de calidad, además del grado o la antigua licenciatura, para el ejercicio de la actividad profesional de carácter sanitario, se exige como requisito indispensable contar con un máster oficial y/o habilitación sanitaria o PIR teniendo que cumplir con una de estas condiciones necesariamente, teniendo además que estar colegiado en el respectivo colegio de psicólogos en cuya comunidad ejerza su actividad.

El psicólogo es una figura sanitaria más, por lo que debe de ser reconocida como tal y no maltratada y ninguneada por las instituciones. La intervención psicológica en la gestión de las crisis humanitarias como esta debe tener un papel protagonista y en ningún caso, un papel residual, conformista ni de verse relegada a tareas de voluntariado.

Ahora, más que nunca, la labor del psicólogo resulta apremiante, desde el apoyo en primera línea de fuego a los técnicos que se ven asediados por su trabajo, ofreciendo recursos, estrategias y apoyo emocional para combatir los síntomas de indefensión, agotamiento e incluso abandono; como a los propios pacientes o sus familiares que en muchos casos se ven sin recursos para afrontar esta situación, ya que ni si quiera pueden elaborar un duelo con normalidad o despedirse de sus familiares. Además de todos problemas asociados como estrés, ansiedad, depresión y por supuesto el trastorno de estrés postraumático, además de las labores psicoeducativas y de concienciación tan importantes como necesarias para el conjunto de la ciudadanía en estos momentos.

Es muy importante dotar a la población de recursos psicológicos y estrategias asistenciales para mitigar las consecuencias del confinamiento, la privación de libertad o la pérdida del trabajo entre otras, sobrellevando la situación de la mejor manera posible dentro de la gravedad de la misma.

El carácter humano y la labor asistencial de la profesión, en ningún caso, debe comprometer sus garantías profesionales. Del mismo modo que no se entendería que un médico, un psiquiatra o un enfermero realizaran su trabajo de una manera altruista, desinteresada o voluntaria, tampoco se puede exigir ni esperar que un psicólogo deba hacerlo.

Aunque es más que necesario el surgimiento de iniciativas asistenciales, bajo mi opinión personal, en un intento por dignificar la profesión, no es otra que la administración la que debe asumir y sufragar el gasto y no los propios profesionales.

@herraizandres

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